El relato que refiere el origen de
la percusión en Calanda se encuentra en un libro
inédito que escribió José Repollés
Aguilar, cuya hipótesis indemostrable, fijaba
su atención en el siglo XII, en un contexto de
enfrentamiento entre la cultura cristiana y la musulmana.
El autor cuenta dos tradiciones legendarias conocidas
con el nombre de Teoría de los Pastores y Castilletes.
Esta leyenda ha sido recogida en el Libro “Percusión
e Identidad” de Lourdes Segura y en los estudios
publicados en la Revista Turia de María Luisa
Sánchez.
“Refiere la tradición que un día
de primavera del año 1127, mientras los escasos
cristianos viejos que por entonces había en Calanda,
celebraban fervorosos la Semana Santa, la agreste morisma,
dueña y señora del aún de la zona
del Maestrazgo, se lanzó en numerosa algarada
en dirección a Calanda, siguiendo la ribera izquierda
del Guadalope.
Más de un pastor que entonces se hallaba con
su ganado en la parte alta de la ladera del monte Tolocha,
que da a la Val de Foz, al ver la polvareda, cada vez
mas cercana, que levantaba la cabalgada de los moriscos,
empezó a aporrear el tambor que llevaba con todas
sus fuerzas. Otro pastor oyó este aviso de peligro.
Y tal como estaba convenido de antemano, hizo sonar
también su tambor, aviso que fue repetido hasta
llegar a oídos de las gentes calandinas que rápidamente
dejaron sus practicas religiosas de Semana Santa y corrieron
a refugiarse en lugar seguro.
Gracias a este encadenado sonido de tambores, los enardecidos
y ambiciosos jinetes musulmanes no pudieron en esta
ocasión salirse con la suya, puesto que cuando
llegaron a las puertas de Calanda, los ganados, mujeres,
jóvenes y todo lo que a ellos les interesaba
como botín, se hallaba en el interior de la inexpugnable
fortaleza a buen recaudo.
Después de fracasada la “razzia”,
los pastores de Calanda, cada año al llegar a
la Semana Santa, se reunían en las afueras de
la población y, alegremente, con el mayor entusiasmo
pasaban varias horas aporreando el parche de sus respectivos
tambores, como si anunciaran una nueva algarada”.
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