“Ignoro
qué es lo que provoca esta emoción, comparable
a la que a veces nace de la música. Sin duda
se debe a las pulsaciones de un ritmo secreto que nos
llega del exterior, produciéndonos un estremecimiento
físico, exento de toda razón. Mi hijo
Juan Luis realizó un corto “Les tambours
de Calanda” y yo utilicé ese redoble profundo
e inolvidable en varias películas, especialmente
en “La edad de Oro “ y “Nazarin”.
En la época de mi niñez, no habría
mas de doscientos o trescientos participantes. Hoy son
más de mil, con seiscientos o setecientos tambores
y cuatrocientos bombos.
Hacía mediodía del Viernes Santo
la multitud se congrega en la plaza. Todos esperan en
silencio, con el tambor en bandolera. Si algún
impaciente se adelanta en el redoble la muchedumbre
entera la hace enmudecer.
A la primera campada de las doce del reloj de la
iglesia, un estruendo enorme como de un gra trueno retumba
en todo el pueblo con una fuerza aplastante. Todos los
tambores redoblan a la vez. Una emoción indefinible
que pronto se convierte en una especie de embriaguez,
se apodera de los hombres.................”
Del libro “Mi último
suspiro”
Luis Buñuel.
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