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Este
patético estandarte ha salido siempre en la procesión
del Pregón, y era conocido a principios del siglo pasado.
El pueblo denomina al guión como la "mortiseca".
Se desconoce cuales son los orígenes de este estandarte.
Los vecinos aseguran que se secó muchos años
aupado por José Bayod. Cuando las fuerzas físicas
le flaquearon a este calandino, dejó de procesionarse
y así estuvo, apartado el estandarte en una dependencia
de la parroquia, durante unos treinta años, hasta que
Miguel Palos se ofreció para recuperarlo y volver a
sacarlo en procesión.
A principios de los años setenta la familia Palos
Cros hizo uno nuevo porque el original estaba muy deteriorado.
La restauración conllevó algunos ligeros cambios,
como la pasamanería del mismo. Otros elementos se mantuvieron
intactos, tal cual los primitivos, como el caso del mástil
en forma de cruz. Este es el mismo, realizado de forma artesanal
y sin utilizar clavo alguno. María Ángeles Alfranca
llevó a cabo los trabajos de restauración, idéntico
al que salía en la antigüedad.
De un mástil de unos dos metros de altura cuelga una
austera tela negra, con el símbolo que mejor representa
la muerte: el esqueleto de una persona con una guadaña
en cruz. El penitente que lo porta va vestido con una tela
basta de arpillera, sobre el cual a modo de cinturón
se le coloca una soga con siete nudos que representan las
siete palabras. Sobre la cabeza del portante un caperuzo negro.
Desde hace treinta años este estandarte lo sacan miembros
de la familia Palos Cros.
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