Así se denomina a la guardia
romana que custodia el Monumento y desfila en las procsiones
de Semana Santa. Su nombre procede, sin duda, por onomatopeya
del golpe lúgubre y monótono del tambor,
flojos los bordones y cubierto con un paño negro
con que se acompasan.
Los putuntunes han dependido siempre de la Cofradía
del Santísimo y sus origenes se remontan a principios
del siglo XVII.
Estos soldados, encarnados en la actualidad por los
jóvenes del pueblo que cumplen los dieciocho
años, son mandados por el Centurión que
ciñe espadín y lleva vara de mando. Viste
sayal azul celeste, calzas blancas y sandalias de cuero,
cubren su cabeza con un brillante casco de acero.
La tropa la componen veinte números y todos
llevan su correspondiente alabarda. Van acompañados
de un Capitán, de un tambor y del abanderado,
que acentúan su protagonismo en las ceremonias
del relevo de la guardia ante el Monumento.
Mención aparte merece la figura de Longinos,
que lleva armadura renacentista, de 43 kilos de peso,
y que curiosa y anacrónicamente, convive con
los “putunutunes”. Longinos porta coraza
completa tapándole el casco toda la cabeza, además
no puede dar nunca la espalda al Sacramento, caminando
siempre hacia atrás, de ahí que el pueblo
le llame “cangrejo”.
Esta figura hizo su aparición en 1643 con motivo
del obsequio que el rey Felipe IV hizo a Miguel Pellicer,
el joven calandino del Milagro, con ocasión de
la vistita que hizo al Monarca. Pellicer regaló
la armadura a la Cofradía del Santísimo,
que posteriormente se agregaría a la guardia
de los putuntunes.
La actuación de sta singular y pacifica tropa
termina el Sábado Santo cuando se representa
en la puerta de la parroquia el auto sacramental del
sellado del Sepulcro, sosteniendo una lucha a espada
ente el Centurión y Longinos.
Mientras vivió Luis Buñuel, siempre
mandaba un giro a los “putuntunes” para
que pudieran comer y beber en Semana Santa. |